Dos opciones para Samaná: crear el vertedero provincial o sepultar el turismo

Autor: Luis Manuel de Peña del Rosario

Correo: luismdpr08@gmail.com


 (Santo Domingo, D. N., 8 de abril de 2019) Esperar a que ocurra un milagro caído del cielo, no es la mejor opción para la provincia de Samaná. El desafío número uno es la ubicación y creación del vertedero o relleno sanitario común para todos sus municipios y distritos municipales. Dejar que la naturaleza solucione esta problemática creada por los humanos, sería, en poca palabra, “atajar” el desarrollo y permitir que los estragos del humo sigan llegando como neblina en invierno a los hogares, negocios, escuelas y, ahuyente en última instancia a los inversionistas, como es el caso de Las Terrenas por la precariedad que presenta su vertedero en la actualidad.


Hasta la fecha se han pronunciado sobre esta complicación: empresarios, congresistas, autoridades del gobierno central, alcaldes, directores de los distritos, figuras connotadas de la provincia, líderes comunitarios y religiosos. Cada uno de ellos, a dicho lo que cree “conveniente” sobre esta problemática eminente, sin embargo, hasta la fecha nadie ha planteado una solución práctica, necesaria, definitiva y verdadera, salvo el ingeniero Domingo Contreras, que ha propuesto la creación de un solo vertedero o relleno sanitario provincial, que garantice a largo plazo la acumulación de los desechos sólidos que se acumulan en todos los municipios de Samaná. Tal como se logró recientemente en Puerto Plata.


Esto ayudará a que los asentamientos humanos se vean menos afectados, además, el impacto negativo contra la biodiversidad se reducirá de manera significativa. Permitiendo, a su vez, que el turismo como empresa pujante de esta zona del país siga emergiendo hasta alcanzar la cima.


El crecimiento de esta provincia va a una velocidad imparable, sin una planificación previa, como se puede apreciar, en todo el sentido de la palabra. En el año 2012  la población de Samaná era aproximadamente 108 179 habitantes en  su superficie que es de 844.99 km². ¿Y en el 2019?


Hasta el momento, lo que se aprecia en Samaná es que las autoridades no se ponen de acuerdo, para escoger un lugar como punto intermedio entre los respectivos municipios, que sirva de espacio para verter los desechos sólidos acumulados en toda la provincia. Al parecer, cada autoridad quiere jugar dominó en su propia mesa.


Elegir un lugar único, ayudará a que empresas nacionales e internacionales interesadas en esta materia, se interesen en negociar con los alcaldes o con una comisión que formen de manera mancomunada entre estos, con la finalidad de que la recogida, transporte y el mantenimiento del vertedero o relleno sanitario, recaiga en mano de una empresa que gane una posible licitación para mantener la provincia limpia en el tiempo. Para que eso no sea un tema de campaña electoral.


Así, el turismo de Samaná no se verá afectado por el cúmulo de desechos sólidos que se estará generando, mientras el desarrollo siga impactando cada municipio. Por consiguiente, las autoridades podrán invertir su tiempo en iniciativas productivas para el fortalecimiento de la economía, tales como educación, cultura, deporte, salud, obras de infraestructura…, y sobre todo, promover a Samaná como destino turístico.


Esto permitirá que la participación de los habitantes se active, pues, las autoridades de la mano de los empresarios y la sociedad civil, podrán dedicar tiempo en charlas sobre el tratamiento de los desechos en todos los sectores. Hasta que la gente haga suya la idea de vivir sin contaminación y la convierta en cultura indispensable en cada hogar.


Samaná al igual que Punta Cana, Puerto Plata y otras zonas turísticas, requiere de un tratamiento especial en la recogida de desechos sólidos, por ejemplo, las algas y otros desechos que se acumulan en sus playas. Por lo que, la carga para las autoridades locales es una tarea agotadora. Esto sin mencionar los hoteles, villas, restaurantes, sin dejar el pueblo fuera de ese contexto.


El progreso que esta industria turística le muestra hoy a todo el país y al mundo, no depende tan solo de la pesca; la siembra de coco, yautía, ñame, yuca, plátano o del mármol que se extrae de sus minas. Su economía se afinca en la naturaleza compuesta por playas de arena blanca, sus montañas, además, de su gastronomía como principales atractivos. A esto se añaden los hoteles, villas, apartamentos, restaurantes, empresas y negocios informales, dicho conjunto mantiene viva la economía.


Esta industria ha inducido a miles de personas a asentar residencia y domicilio a lo largo y ancho de la provincia. Aunque esta migración nacional e internacional, por un lado ha sido positiva, también ha generado su lado amargo, que es la gran acumulación de basura que produce sin control hasta la fecha. 


A simple vista se observa que las autoridades han perdido la batalla en lograr un consenso, y no es porque no tengan las competencias para hacerlo, sino más bien, porque el interés político de cada uno de ellos se está imponiendo por encima de la necesidad social que esto representa para el bienestar de quienes viven, visitan y vivirán en esta provincia premiada de una majestuosa y espléndida belleza natural.


Samaná vive del turismo, por lo que debe considerarse como prioridad la calidad de vida ambiental, trazando un plan estratégico para que el medio ambiente vuelva a su estado natural con aire limpio en cada kilometro de su territorio.


Pues, según el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Samaná cuenta con 7 áreas protegidas, agrupadas en 4 categorías de manejo que son las siguientes: Área de Manejo de Habitat/Especies, Área de Protección Estricta, Monumento Natural, Paisaje Protegido y Parque Nacional, ocupando una superficie de 274.88 km² lo que corresponde aproximadamente al 31.26% del área total de la provincia están dentro de Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Según el Estudio de Uso y Cobertura del Suelo 2012 la cobertura boscosa ocupa 333.8 km² equivalente a un 37.5% de la superficie de la provincia, donde el bosque latifoliado ocupa 257.8 km² (29%), el de mangles 70.8 km² (8%), y el bosque de drago 5.2 km² (0.6%).


Esta realidad puede llegar a provocar un deterioro en el turismo hasta sepultarlo, además, de la afectación directa al medio ambiente, como se puede apreciar en el aire por el humo que vierten estos vertederos cada vez que se encienden de forma natural, y otras veces, por provocación humana. El daño al medio ambiente es prácticamente irreparable, eso no es un secreto.


Es bueno que los alcaldes comprendan que los vertederos actuales afectan y afectarán las zonas donde hay asentamientos humanos, al final, si se deja sin subsanar este problema provincial antes de que culmine la Estratégica Nacional de Desarrollo 2010-2030, poco se podrá ofrecer como atractivo.


Hay que buscar la solución definitiva ahora, de lo contrario, pronto se presentará el estado de emergencia cuando la insalubridad arrope cada municipio; hasta llevarlo al colapso por la gran acumulación de basura fruto de no tener a tiempo un vertedero único en la provincia.


A modo de utopía, se puede decir que: cambiar la cara de Samaná no debe ser asumida solo por el sector público, aquí hace falta el apoyo incondicional del sector privado, la sociedad civil, las iglesias, comunitarios, dirigentes barriales, representantes de sindicatos, ambientalistas, todos deben jugar un rol, para que unidos logren un consenso a unanimidad para que se vuelva a tener aire limpio y puro en cada rincón de esta provincia. Como dice Aura Saldaña, “un adecuado ordenamiento del territorio, que oriente y reglamente la ubicación de las actividades productivas y que propicie un adecuado uso del suelo y del espacio, contribuye a la interacción humana mucho más eficaz en el ámbito económico y facilita el desarrollo de los emprendimientos”.